¿Alguna vez te habías puesto a pensar cual es la diferencia máxima que ha habido en un partido de fútbol americano?.

Pues el marcador más abultado de la historia, jamás registrado, es un 222 – 0 que Georgia Tech lo proporcionó a los Cumberland Bulldogs. Si te preguntas cómo es posible que eso haya sucedido, te venimos a traer la crónica y los detalles del partido.

Un día como hoy, 7 de octubre, pero de 1916, se llegaba en el Grant Field, en Atlanta, un encuentro entre dos universidades de Estados Unidos, en la cual los Cumberland Bulldogs, dirigidos por George Allen, visitaron a los Georgia Tech Engineers, dirigidos por John Heisman (sí, el Heisman por el cual se le nombró así al trofeo del jugador más valioso de la NCAAF).

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Un dato curioso, es que ese mismo año, Cumberland había vencido 22-0 en beisbol a Georgia Tech. John Heisman también dirigía al equipo de beisbol de Georgia Tech, por lo que vio este partido como una revancha que debía tomar; con esto, se rumora que el 222 podía ser una manera de asemejar el marcador que se había visto en el diamante.

Antes de la temporada, la universidad de Cumberland decidió retirarse de las actividades de futbol, americano, pero cuestiones contractuales no permitían que no se presenten en Atlanta para jugar ante los Engineers. El entrenador Heisman tenía tantas ganas de jugar ese partido que investigó cual sería la penalización hacía Cumberland en caso de que no se presenten y llegó a la conclusión de que 3 mil dólares podían ser retirados a los Bulldogs si no se reportaban en el emparrillado del Grant Field.

Cuando Heisman supo esto, ofreció 500 dólares más los viáticos a Cumberland para que se presenten. John en serio tenía ganas de jugar. Acompaño el dinero de una carta que decía:

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“Yo, John Heisman, solemnemente ofrezco la cantidad de 500 dólares y todos los viáticos a la universidad de Cumberland para que se presenten a jugar el partido en Grant Field ante los Georgia Tech Engineers, en el partido calendarizado del torneo de futbol americano de universidades estadounidenses. Sin embargo, si esta oferta es rechazada, me veré obligado a demandar al equipo y a su comité de logística por pérdidas de utilidad neta generadas a la Universidad de Georgia Tech en la preparación del encuentro”.

Esto vio obligado al entrenador Allen a viajar con 12 jugadores, los cuales viajarían para jugar en Atlanta. Obviamente, los jugadores seleccionados deberían jugar entre defensiva y ofensiva.

Llegó la hora del partido y todo estaba listo para que a las 4:05 p.m. de un sábado en Atlanta, se jugara futbol americano. Se dio la patada inicial en Grant Field y los Bulldogs recibieron el balón. El regresador decidió ceder el touchback y comenzar desde la yarda 20. El equipo de Cumberland no pudo realizar el primer down, y tuvieron que despejar. Le llevó una jugada los Engineers anotar el primer touchdown.

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En la siguiente jugada ofensiva de Cumberland, el corredor soltó el balón y Georgia Tech lo recuperó para llevarlo a las diagonales. En la siguiente serie ofensiva, Cumberland volvió a soltar el balón y le tomó dos jugadas a los Engineers anotar de nuevo. Para la siguiente jugada ofensiva del equipo dirigido por George Allen, perdieron 9 yardas en una corrida. A Georgia Tech le tomó dos jugadas volver a anotar.

El conjunto local se fue ganado 63-0 el primer cuarto y 126-0 la primera mitad. En la segunda mitad le bajaron las revoluciones y anotaron solo 54 puntos en el tercer cuarto y 42 en el último periodo.

A pesar de sus 32 anotaciones, los Engineers tuvieron 0 yardas por aire, pues no intentaron si quiera una jugada por esta vía. Todo su avance fue por la defensiva y sus 522 yardas terrestres. Cumberland culminó con 14 yardas aéreas y -42 por tierra. El 97% por ciento de las jugadas se llevaron a cabo en el terreno de Cumberland y de ese 97% el 64% fue en la zona roja.

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“Como regla general, si quieres anotar solo denle el balón al corredor de Georgia Tech. Aquí viene… ¡Y ahí se va!”
The Atlanta Journal – domingo 8 de octubre del 1916.