Nunca ha prestado el madridismo mucha atención al paso del Real Madrid por la Guerra Civil.

Si acaso, se destaca el que no se le permitiera jugar torneos oficiales en zona republicana por presión, se afirma, del F.C. Barcelona.

Sobre cómo sobrevivió el club en el Madrid republicano, bombardeado y casi cercado por las tropas franquistas, hay menos memoria. Figura en la historia oficial del club, pero se suele recordar menos que las Copas de Europa o la construcción de los estadios.

Pero tras la Guerra el Madrid reapareció con su estructura directiva en funcionamiento y sus instalaciones más o menos intactas, lo que le permitió desarrollar una existencia lo más independiente posible. Una situación muy diferente a la del otro equipo de la capital, que debió su supervivencia a ser adoptado por el equipo de la Aviación Nacional, la misma que había bombardeado Madrid. Un viejo izquierdista tan calificado como Eduardo Haro Tecglen recordaba que entre los ‘rojos’ supervivientes tenía por ello más simpatías el Madrid que el Atlético Aviación.

Mucho después de la Guerra Civil Raimundo Saporta, mano derecha de Santiago Bernabéu, terciaba sobre la famosa cualidad de equipo del gobierno señalando que el Madrid fue, «en la monarquía, monárquico. En la República, republicano, y en el franquismo, franquista«. Y en la guerra el Real Madrid tomó partido, y lo hizo por la República.

Julián García Candau en su gran obra El Deporte en la Guerra Civil fue el primero en relatar que Real Madrid siguó el mismo camino que muchas organizaciones que quedaron en la zona controlada por el gobierno legítimo: fue común que tras el caos de las primeras semanas fueran incautadas por sindicatos o colectividades afines al poder político. Pero en no pocas ocasiones esta incautación era pactada de forma que la empresa o institución pudiera mantener su actividad de la forma más normal posible. Rafael Sánchez Guerra, presidente y concejal republicano de Madrid, cedió el poder a un comité controlado por varios socios y directivos con especial papel de Juan José Vallejo, en nombre de la Federación Deportiva Obrera, Carlos Alonso Rodríguez y Pablo Hernández Coronado, que tras la guerra sería seleccionador nacional hasta en tres ocasiones. Entre ellas, en el Mundial de 1962.

Contaron además con el apoyo de personajes como Heliodoro Ruiz, instructor de educación física del ejército republicano, que salvaguardaba las instalaciones para utilizarlas como campo de entrenamiento. Y también del coronel Antonio Ortega, nombrado por el gobierno como máximo responsable de la institución. Oficial de carabineros antes de la guerra, se había distinguido en los terribles combates de la Ciudad Universitaria en el otoño de 1936. Afiliado al PCE, fue también director general de Seguridad. Aunque el día a día del club estaba en manos de Hernández Coronado y Alonso, hizo sentir su influencia. El equipo jugaba partidos benéficos y de propaganda.

El Real Madrid había sufrido el ambiente prebélico. En las elecciones en las que se eligió a Sánchez-Guerra, este era un ‘renovador’ frente a un grupo conservador en el que estaba Santiago Bernabéu. Uno de sus miembros, Valero Ribera, fue asesinado. Con su viuda se casaría Bernabéu, que con 40 años cumplidos se incorporó al ejército franquista. El ex jugador Monchín Triana fue asesinado por los republicanos en Paracuellos. Perico Escobal se salvó de milagro en las cárceles franquistas. Años después Bernabéu lamentaría ante el periodista Martín Semprún que en España nunca hubieran tenido buen fin las soluciones democráticas, y que la Republica no le dieron el suficiente cuartel.

A Ortega le ejecutaron los franquistas como Director General de Seguridad y comunista en 1939. No fue fusilado como era costumbre entre militares -lo cual es una suerte de cortesía profesional: ser ‘pasado por las armas’ es un fin honroso- sino ejecutado a garrote vil como los delincuentes. «Garrote y prensa», es fama que escribía Franco en las sentencias de quienes consideraba especialmente peligrosos: publicidad, a falta de ejecución pública.

No hubo muchas represalias internas. Alonso y Hernández Coronado fueron directivos hasta que la llegada de Bernabéu eclipsó a ambos. Heliodoro Ruiz llegó a ser, nada menos, profesor de Educación Física en el colegio Las Jarillas del Infante don Juan Carlos de Borbón, luego Rey Juan Carlos I. Después, en Las Jarillas se intentó construir otro estadio para el Real Madrid. Pero esa es otra historia.

*Esta es una investigación hecha por el Diario Marca de España.

Fuente: Diario Marca

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