Era febrero de 2015 y la directiva de Tigres, encabezada por el Ingeniero Rodríguez, Miguel Garza y Alberto Palomino, concuerdan en que el equipo necesitaba un nuevo “nueve”, algo revulsivo y mediático; un golpe muy duro, no importaba de donde viniera, pero era necesario que fuera agente libre.

Esto es por una razón: si el jugador puede decidir a donde ir, el equipo se ahorra cláusulas de recisión y puede invertir más en su sueldo.

Ronald Pablo Baroni es un exjugador peruano, naturalizado argentino y ya tenía tiempo siendo agente FIFA, por lo que Tigres y su directiva decidieron darle la tarea de buscar al nuevo ‘9’. Como jugó en Portugal y Turquía, su principal área de trabajo era en Europa y no en México.

Gignac 1

En la Ligue 1, Baroni le echó un ojo a la figura del Olympique de Marsella, que en ese momento peleaba con Alex Lacazette por ser goleador de la liga. Este jugador ya había sido llamado a selección por Didier Deschamps y competía con Anthony Martial, Antoine Griezmann y Olivier Giroud por el lugar de titular.

André-Pierre Gignac era el jugador ideal que habían solicitado los Tigres: estaba en el mejor momento de su carrera, ya estaba probado y había sido exitoso, y también era estrella de talla mundial. No tenía razón para dejar Europa e ir a una liga poco reconocida, a un equipo que no había ganado un solo título internacional.

Sin embargo, Baroni se enamoró y pidió una carta a Tigres para ir a Francia y buscar a Christopher Cano, agente de Gignac.

Se reunieron en un restaurant de Marsella y para Cano era una oferta absurda, pero Gignac no se negó tanto y prestaba atención a los que Baroni decía, mientras el agente mostraba documentos donde se veía que Gignac tenía ofertas del Atlético de Madrid, la Lazio y el Fenerbahce.

Gignac 2

Baroni llegaba con la directiva de Tigres diciendo que la negociación avanzaba, pero no mostraba nada escrito, por eso Miguel Ángel Garza decidió contactar a Gignac directamente y confirmó que se habían reunido 5 veces más.

A pesar de eso y saber que Gignac “quería un cambio en su vida”, posiblemente pensando en que ya había dado todo lo que podía por el Marsella, nada se concretaba. Venía el Draft en Cancún, semifinales de Copa Libertadores y Tigres ya comenzaba a buscar otras opciones porque Baroni no podía poner la firma de Gignac en un papel.

Entre Baroni y Cano lograron llegar a un acuerdo, pues Gignac decidió aventurarse y probar, sin que Cano esté muy contento, mientras que el peruano y el francés si lo estaban. Se encontraban en el Draft y la directiva de Tigres pidió el contrato. Si no mostraban el documento se cerraba la negociación. Cano afirmó que Gignac sí estaba interesado en ir, solamente que no había firmado el papel.

El delantero francés estaba de vacaciones en Orlando y Cano le habló para volar a Cancún esa misma noche, a lo que Gignac aceptó sin problemas, pero quería que el técnico esté ahí para hablar de futbol.

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Quedaron verse en el restaurante Lazarillo’s de la avenida Kukulcán a las 9:00 p.m., pues habrían rentado el privado.

El vuelo de astro francés se retrasó 2 horas, por lo que Baroni estaba comiéndose las uñas, sentado con una botella de tequila con el ‘Tuca’ Ferretti esperando a alguien retrasado. Aunque no era culpa de nadie, seguro daba miedo.

La reunión empezó con más de 3 horas de retraso, pero rápidamente Gignac se disculpó y fue muy amigable, cosa que aliviano a los directivos del equipo y los tranquilizó. Punto para el francés.

Gignac preguntó cosas acerca de Monterrey, que tan parecido era a Cancún, cosa donde el Ingeniero mintió un poco. También preguntó a cuanto tiempo se encontraban de distancia las dos ciudades y se le afirmó que estaban muy cerca.

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Algo que fue incómodo, fue cuando Gignac preguntó sobre una noticia que vio el fin de semana acerca de asesinatos en San Nicolás de los Garza. “¿Esto está cerca de Monterrey?” preguntó. Miguel Garza le dijo que no se preocupe, que el estaría bien y seguro. Al ‘Tuca’ casi se le atora la langosta.

Entre charlas y risas con Ferretti, Gignac y el entrenador se llevaron muy bien, cosa que hizo que los directivos no duden en firmar al delantero y así, crear una historia de amor hermosa, probablemente de las mejores entre algún jugador extranjero y un equipo mexicano.