Yo deambulaba por los pies de mi abuelo, sentado en su habitual sillón donde miraba partido tras partido cada fin de semana.

No hacía falta dinero, ni tampoco títulos. No se vivía desconsoladamente en un bache ni mucho menos se sufría de identidad.

Johan Cruyff sabía y conocía la exquisitez en el futbol. Telé Santana, era su homologo en el Continente Americano.

Es triste que desde tiempos ancestrales, la humanidad se rige por valores representativos ajenos a la emoción y propios de una herencia material, partiendo desde el juicio que lleva como frase "por lo que tienes, te miden".