Yo deambulaba por los pies de mi abuelo, sentado en su habitual sillón donde miraba partido tras partido cada fin de semana.

Sin noción de lo que sucedía, me contaban que esa tarde, a unos kilómetros de mi natal Mérida, existía un extraordinario escenario, tan colosal como lo que acababa de suceder. Un tal Diego Maradona había enloquecido al fanático de mi abuelo con un gol que a la fecha, lamento no recordar.

Fui creciendo y con la inocencia de un niño en desarrollo, traté de mirar más de cerca el Mundial de Italia. Pero todavía sin noción concreta de lo que era y lo que representaba el futbol, me percaté que dicho personaje no era del agrado de mi abuelo, con quien ya había establecido un vínculo mirando la tele por 90 minutos sin decir palabra, pero pensando en lo que diríamos. Otra vez un tal Diego Maradona, había llevado a su selección a una final del mundo, pero también entendí lo que 4 años antes había dicho Gary Linekerel futbol es un deporte que se juega once contra once, y en donde siempre ganan los alemanes”. El tal Maradona, lo entendió al mismo tiempo que yo esa noche; él en Roma, y yo en Mérida.

Me dio curiosidad y comencé a seguirlo. Cuatro años después no pude verlo todavía con claridad por una disrupción de sus actos que le hizo ser expulsado del Mundial de Estados Unidos.

Pero llegaron los videos, las letras, las imágenes en mi ya lúcida mente de adolescente cuando lo vi conscientemente y entendí entonces de lo que todo mundo hablaba. D10s, barrilete cósmico, genio del futbol mundial… todo le quedaba. Todo le encajaba. Todo le entallaba. Su vida, tan impresionantemente opuesta a lo que hacía en el campo, me hizo dudar de a quién idolatraba. Pero mi fascinación por esa zurda, de su gambeta, de la destreza de su cadera, por su visión hacia la pelota, me hacía hacer de lado lo que las otras portadas sensacionalistas decían de él.

No sé si fue bueno o malo. No fue lo que hizo, sino lo que hizo que hiciéramos gracias a él. En mi caso, entre eso y muchas cosas más, decidí hacerme periodista deportivo. Con la esperanza que tal vez algún día pudiera emocionarme narrando un gol como la dicha de Víctor Hugo Morales en el '86. O de tener a un personaje tan lejano figuradamente, pero tan cercano, a unos cuantos metros de una cancha, que pudiera contarle al que está detrás mío, las maravillas que estaba haciendo con un par de piernas frente a mi.

Diego Armando Maradona no solo fue polémica extra cancha, sino que lo hizo dentro con aquella “Mano de Dios”, que tal vez sea lo único que desnude su talento en el terreno de juego y lo que opaque su increíble carrera. Pero es tan poético pensar que eso lo hizo en la misma portería, el mismo día y en los mismos 90 minutos donde confundió y fascinó al mundo al mismo tiempo, que hasta eso, la vida misma lo ayudó. 

Maradona ganó una Copa del Mundo sólo. Como decía Jorge Valdano, “eran 10 plebeyos y el rey” buscando una hazaña. Tal vez y sin meterme en polémica, la única Copa del Mundo que realmente ganó Argentina. Comandados por el arrojo, el atrevimiento y la valentía de un hombre que no pasaba del 1,70 de estatura.

Tal vez Diego no fue el ejemplo ideal con donaciones, altruismo y buenos modales. Posiblemente no es el modelo a seguir si se trata de inspiración sensible y humana. Pero finalmente me convertí en periodista deportivo y mi trabajo es juzgar lo que hizo dentro del campo, y en ese rubro, no hay queja que valga. Referente en comparaciones diarias y símbolo de un país entero. Y ahora, ¿Cómo le dices a un argentino que no vaya a despedir al ícono que los puso en un mapa en muchos niveles?.

Soy consciente de lo que escribí hace un momento… “Che” Guevara, el Papa Francisco, Borges, Quino, Perón, Gardel (aunque nació en Uruguay), qué se yo…

Puede sonar a locura, pero Maradona es posiblemente un eco que retumba más fuerte que el de todos ellos juntos. Puede parecer una banalidad (de nuevo me meteré en polémica), pero para ser justos, no he visto a alguien más que mueva al mundo como lo acaba de hacer el fallecimiento de un futbolista. Por lo menos no en comparación con la lista anterior. Podrá leerse absurdo y trivial, pero es lo mis ojos me cuentan ante el maremoto de manifestaciones alrededor de todo el mundo y de todo tipo de personajes. 

Vamos, podría escribir horas sobre él. Pero al final, sería absurdo explicarle a quien no entiende de fantasías pasajeras y sueños eternos. Descansa en paz, barrilete cósmico.

Por: Juan Carlos G Cantón López | @juangcanton